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Así que eso fue 1950. Bombas cada vez mayores. La guerra fría de la psiquiatría creando terror. Y una población que vivía a la sombra de un hongo nuclear. Que no quepa duda, ese era el panorama mundial en que L. Ronald Hubbard presentó Dianética.

Al reunirnos la víspera del año 2000, cuando me refiero al Libro Uno quizá piensen instantáneamente: “Un manual de auditación”. Pero no pueden olvidar el panorama mundial de 1950 y el propósito real del Libro Uno: eliminar la fuente de la aberración, que había llevado al planeta al estado en el que estaba en mayo de 1950. Y como prueba del propósito de LRH, una vez más, escuchemos el primer párrafo de Dianética: “Una ciencia de la mente es una meta que ha absorbido a miles de generaciones humanas. Ejércitos, dinastías y civilizaciones enteras han perecido por carecer de ella. Roma se hundió en el polvo por no tenerla. China nada en sangre por falta de ella. Y abajo, en el arsenal, hay una bomba atómica con su esperanzado morro totalmente armado, ignorante de ella”.

El hecho es que, el descubrimiento hecho por LRH de la mente reactiva como la fuente de los males del hombre y la auditación como su cura, habían dado a la población del mundo un “arma” mucho más poderosa que la bomba atómica. Así, ¿qué supuso Dianética para la población de 1950, que miraba nerviosa al cielo para ver si caían bombas atómicas? Dianética no fue un relámpago en el aire, Dianética ¡fue un rayo del mismo cielo!

Y ahí está la chispa detrás de las palabras “auge del Libro Uno” y “reguero de pólvora”. Y al continuar extendiéndose ese reguero de pólvora por Estados Unidos, los diarios de ciudades como Houston, Texas, pronto informaban: “Los comerciantes de libros aún estaban aturdidos por la sorpresa, pero no tanto como para no encargar más ejemplares del libro que inesperadamente cautivó a los lectores locales”. ¿Por qué exactamente la sorpresa? Bueno, este era un libro sin reseñas aduladoras en el New York Times, sin “respaldos” del establishment. Más aún, lo había publicado una pequeña editorial de libros de texto; ¡difícilmente del tipo que llega a las listas de best-séllers! Aún así, las tiendas vendieron más libros de Dianética que ningún otro libro.

Pero había algo más que era especial en cuanto a la historia del Libro Uno y es lo que causó un “terremoto” al establishment. No era un libro que sólo se leía y luego se relegaba al estante. Era un libro que inició un torbellino nacional de actividad. La gente no sólo lo leía. Lo aplicaba.