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La religión de Scientology
El garante del futuro de Scientology
David Miscavige El Presidente de la Junta
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No intento poner la responsabilidad en tus hombros; porque ya sea que lo diga o no, esa responsabilidad ya es tuya: sólo por el hecho de que eres uno de los pocos en la Tierra que ha saboreado ese don inestimable llamado Scientology. Después de todo, si un científico tuviera la cura para el cáncer, tendría una responsabilidad: hacer todo lo posible para llevar esa cura al mundo. Bueno, consideren nuestra responsabilidad. No sólo hablamos de una cura para el cuerpo, sino de una enfermedad tan grave, que el hombre cree que él es ese cuerpo, y lo que nosotros le ofrecemos es inmortalidad y libertad para toda la eternidad.

El trabajo duro ya se ha hecho. El único trabajo que nunca ha sido logrado por las religiones del pasado. Se ha encontrado el camino, se han trazado los mapas del mismo. Y aunque colocáramos todos nuestros materials en las librerías del mundo y los hiciéramos totalmente indestructibles, aún así, no lograríamos nada si esos materiales no se usaran.

Aunque ganamos la guerra más importante, sin duda habrá batallas. ¿Y qué? ¿Qué más podemos esperar en un mundo sometido a las mismas aberraciones que Scientology ha revelado? Como LRH dijo en Las metas de Scientology: “En un mundo turbulento el trabajo no es fácil. Pero, entonces, si lo fuera, no tendríamos que estar haciéndolo”.

A fin de cuentas, los demás no tienen las respuestas. Nosotros sí. Pero no se trata de superar a nadie. Porque hay mucha gente ahí afuera que está buscando; lo está intentando. Fracasan porque no tienen las soluciones que nosotros tenemos. Así que no podemos entrar al milenio criticando los fallos del mundo en general. No; tenemos que levantarnos por la mañana, cada uno de nosotros, mirar el espejo y decir: “Es responsabilidad mía resolverlo”. Porque somos los únicos que pueden hacerlo.

Así que, ¿dónde nos encontramos en el umbral del siglo XXI? Estamos exactamente donde tenemos que estar: totalmente preparados para llevar la antorcha hasta la victoria final.


Toda la presentación audiovisual de este discurso puede verse en la Iglesia de Scientology más cercana.