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Y con ese tipo de actividad, no es sorprendente que nuestros ministros voluntarios estén certificados como parte del equipo de emergencia de la comunidad de Los Ángeles, junto con la oficina del Sheriff y el Departamento de Policía, que se les reconozca como asociados por la Cruz Roja Nacional de las Filipinas y que el gobierno federal italiano los haya nombrado oficialmente fuerza de defensa civil.

Pero eso sólo habla de un “capítulo” de la historia. Porque una vez más regresamos a esa “llamada de alerta”. Y si las atrocidades por último sirvieron para unir a la gente, también trajeron a la luz otra lección. Porque a pesar de que podemos ayudar en las peores circunstancias, cuando la compasión misma exige que las personas se ayuden las unas a las otras, ¿qué hay de esos desastres cotidianos que están fermentándose por debajo de la estructura social? ¿Las dificultades matrimoniales y las discordias familiares que todos los días arruinan vidas? ¿El niño delincuente y los padres que no tienen a dónde acudir para obtener ayuda? ¿Sin hablar de la opresión y depresión, que demasiado a menudo, sin otra ayuda posible, hacen que recurran a las drogas como última esperanza para paliar la angustia mental?

Y ahí yace la historia más importante de nuestros ministros voluntarios y la “Cabalgata de Ministros Voluntarios”. Están en todos lados, en países de todo el planeta, llevando soluciones eficaces antes de que sea demasiado tarde. Constantemente visitan nuevas comunidades para ofrecer ayuda en todo: desde dificultades matrimoniales, enseñanza a los niños y hasta proveer asesoramiento para personas solitarias.

Y verdaderamente se extiende por cada continente de la Tierra.

Hasta el día de hoy, nuestra Cabalgata ha viajado por 54 países: de Copenhague a Estocolmo, y a lo largo de Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, España y México, por no decir de un extremo a otro de Estados Unidos y, por supuesto, aquí mismo en Nueva York. En cuestión de números, hoy nuestro cuerpo de ministros voluntarios sobrepasa los treinta mil y han provisto casi tres millones de horas de asesoramiento. Y es cómo y por qué, sólo desde el 11 de septiembre, nuestros ministros voluntarios han llevado ayuda, individualmente, a más de 1.7 millones de personas.

Y, sí, cuando se habla de ayudar a aquellas personas más necesitadas, no sólo sabemos que podemos ayudar, ESTAMOS HACIENDO ALGO AL RESPECTO.

Y todo eso nos trae aquí y ahora, a esta nueva Iglesia de Scientology. Porque si todo lo que he tratado hasta el momento es una impresionante primera respuesta a la “Llamada de alerta”, no nos olvidemos de que sólo es un primer paso. Más aún, recordemos por qué trabajamos con más urgencia que nunca: detener el declive social para que tengamos tiempo para proveer El Puente que es Dianética y Scientology, hasta cumplir plenamente nuestras metas: un mundo sin demencia, sin criminales y sin guerra.