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Con el humo aún elevándose de los escombros y las cenizas aún espesas en el aire, la palabra que dominaba era confusión. Con el exhausto personal de emergencia impulsado únicamente por la adrenalina, y aturdidos bomberos y policías que habían perdido a sus hermanos sólo horas antes, la prioridad fue obvia: proveer apoyo logístico con calma y eficacia, desde líneas de comunicación a líneas de suministros, el establecimiento de un dispensario de bebidas y comidas que pronto fue llamado por los miembros del equipo de rescate “Café de la Libertad”.

Pero había una necesidad aún más “desesperada”: proveer socorro a aquellos héroes en el centro mismo de la tragedia y pérdida humana. Y mientras corría la voz –en cuestión de horas– comenzaron a llegar centenares de ministros voluntarios, desde el otro lado de Estados Unidos y de lugares tan lejanos como Europa, Asia y Australia.

Y no terminó ahí. Ese trauma se extendió por todos lados. Pero ahí estaban ustedes... en las escuelas, en los parques, en las estaciones de la periferia; y hasta en las calles, cuidando a cada uno individualmente. Sólo tenían que pedir y ahí estaban ustedes; y sí, durante todo el tiempo que duró.

Y aunque esos esfuerzos se conocen por todos lados, con reconocimientos de apreciación, difícilmente era el final de la historia. Verdaderamente, fue sólo el comienzo. Porque lo que le importa al ministro voluntario es la ayuda que brinda.

L. Ronald Hubbard describió a un ministro voluntario como alguien que “no cierra sus ojos al dolor, al mal y a la injusticia de la existencia”. Y es por eso que, desde el 11 de septiembre, la historia que ustedes comenzaron se ha repetido en todo el mundo. En Hungría y en la República Checa cuando las inundaciones hicieron que comunidades enteras quedaran paralizadas, nuestros ministros voluntarios estaban ahí, trabajando para reparar los diques y brindándole socorro a aquellos que habían perdido su hogar y sus posesiones. Por otro lado, en Moscú, cuando terroristas atacaron una popular casa de ópera, los medios de difusión locales alertaron a los ciudadanos que los ministros voluntarios estaban a mano para dar consuelo a los traumatizados. Durante los incendios en los montes de Australia, ahí nuevamente estuvieron los ministros voluntarios, llevando alivio a los bomberos agotados, trabajando doble y triple turno, para finalmente contener esos fuegos. Y así sigue, en cualquier momento, cualquier lugar, sin importar las circunstancias: desde Washington, D. C., y San Diego, hasta Venezuela, el Congo y Taiwán, y la lista sigue y sigue.